El abandono gris

Recuerdo bien ese día, estábamos los dos en la estación del Metrobus, ella distante como nunca, yo distante como siempre, pero lo que más llamó mi atención fue el clima, fue particularmente raro porque en esa época del año el sol calienta con ínfulas de estrella adulta cuando apenas es un adolescente, pero esta vez no, estaba tenue, sus rayos apenas lograban pasar esa barrera densa de nubes grises ,tirando a negras. Nada estaba bien ese día.

Al comprar su tiquete guardó el cambio en la cartera, miró el reloj, miró sus uñas y las arregló un poco, se recogió el cabello y se puso la capota de su chaqueta, miró de nuevo su reloj, está vez con algo de impaciencia, asomó su cabeza para ver si su transporte estaba cerca, pero no, y miró su reloj de nuevo. Nunca me miró a mi, tal vez no lo hubiera hecho aún cuando tuviera su reloj en mi frente. Yo, por el contrario, la miré, y la volví a mirar. Se me cansó la vista de mirarla, pero aún así la miré.

Yo estaba ahí, a su lado, presente, pero ella no, ella estaba ahí, a mi lado, pero ausente. Es interesante entender que las personas no están en el espacio que su cuerpo ocupa en un lugar, sino en el espacio que su mente ocupa en un recuerdo o ilusión. Ella estaba en otro lado porque su mente estaba en otra dimensión, quizás en el pasado donde eramos felices, cuando cantábamos esas canciones de Michael Jackson, se nos quemaba la comida por comernos en la cama, nuestra primera cita, o tal vez, solo tal vez, en aquella vez que me vio besando a otra. Solo Dios sabe dónde estaba.

Esperamos entre 10 y 15 minutos sin acercarnos medio milímetro hasta que por fin llegó el Metrobus, el cual paró en el vagón equivocado y todos los que lo esperaban salieron disparados para alcanzarlo. Ella no se quedó atrás, pero esta vez me miró, fue una mirada con una mezcla de nostalgia y decepción,  y me dolió. No me dirigió palabra alguna, solo me dio la espalda y corrió alejándose de mi. En ese momento, cuando la lluvia por fin dejó su timidez y por fin besó el cemento frío de la calle, la duda me invadió , porque si algo he aprendido en la vida  es que no siempre abandona quien se aleja para tomar distancia, a veces y solo a veces, se aleja quien se detiene y deja de caminar, tal vez, y lo digo con la el alma herida y el corazón roto, que ella se fue, pero yo,  yo la abandoné.

 

Autor: Kevin Miranda

@Mirandakevin92 

air-2241577__340.jpg

 

 

 

Anuncios
Estándar

Un texto corto

Hoy te escribo un texto corto, de esos que se leen rápido pero se olvidan lento. Uno corto pero directo, que como una bala bien dirigida te rompa el tejido del miedo, pase por tu alma y atraviese de forma limpia, sin salpicar, pero que deje una herida. Un texto corto pero letal. Escribo un texto […]

a través de Un texto corto — La bitácora del escritor

Estándar

Un texto corto

Hoy te escribo un texto corto, de esos que se leen rápido pero se olvidan lento. Uno corto pero directo, que como una bala bien dirigida te rompa el tejido del miedo, pase por tu alma y atraviese de forma limpia, sin salpicar, pero que deje una herida. Un texto corto pero letal.

Escribo un texto corto pero quiero que se estire, como el universo, que te llene y que te arrope, que haga que se desborde lo que sea que tienes dentro y así inundes lo que te rodea, aunque hayan damnificados, no importa, luego nos ocuparemos de ellos.

Escribo un texto corto, uno que te merezca, porque créeme, lo mereces. Mereces uno que leas rápido antes de hacer todo lo que tienes que hacer:  trabajar, comer, tirar, dormir, trabajar de nuevo, comer, no tirar esta vez, dormir por que no había con quien tirar para así volver a trabar…Y así.

Escribo un texto corto porque así es el tiempo, porque así es la vida, porque así es el amor. Escribo un texto corto por que sí.

KR

 

fountain-pen-442066_960_720.jpg

Estándar

Te confieso, te deseo y te prometo

Estuve pensando mucho tiempo en qué podría regalarte para tus cumpleaños, es un tema al que le  di mil vueltas casi todo el mes, pero aún no había encontrado algo especial, porque sé que es lo que esperas. No sé si lo consiga, pero mírame aquí, intentándolo y dándole la espalda a ese pesimismo que tanto criticas de mí.

Me demoré mucho en encontrar una respuesta pero creo que la conseguí a falta de dinero. Una carta. Sí, de esas que no te gusta conservar, pero no es la carta en sí lo que quiero darte, es lo que ésta contiene el verdadero regalo, porque en este papel te voy a entregar confesiones, deseos y promesas.

En un principio debo confesarte que amo tu sonrisa, la amo desde ese primer día que la vi. Ahora que lo pienso, creo que nunca te conté qué pasó la primera vez que tu imagen se estrelló en mi mirada. En resumidas cuentas la tierra bajó su velocidad de rotación porque todo pasó muy lento, entraste al salón sonriendo y no pensé en nada por un segundo, pero luego, pasó por mi mente todo lo bonito.

Pero retomando, amo tu sonrisa, amo verte sonreír, ¡Porque rayos! Amo esos hoyuelos que se asoman cada vez que sonríes, y lo sabes, pero te confieso que odio el hecho de que cada vez sonríes menos cuando estamos solos. Confieso que odio mi incapacidad para hacerte sonreír a veces, porque tu sonrisa le coquetea a la mía y la invita a salir. Como ya te dije, amo tu sonrisa.

También debo confesarte que amo el tiempo que paso contigo. Ese tiempo es bendito, es tiempo bonito, ese tiempo corto o a veces largo, es tiempo cruel cuando se va pero es el tiempo justo para entenderte. El tiempo que paso contigo es fácil de identificar por si algún día se te pierde, conserva momentos de paz pero muchos momentos de guerra. Tiempos de abrazos espontáneos y de besos no dados. Confieso que amo el tiempo contigo porque es tiempo sagrado.

Tengo tantas cosas que confesarte también que intentaré resumirlo. Confieso que amo esa camisa que deja ver tu espalda, porque amo tu espalda; confieso que amo tu cabello mojado por la lluvia; confieso que te celo con constancia, aunque confieso que no está bien; confieso que te he llorado, confieso que he tenido sueños contigo de todo tipo y que amé cada uno de ellos; confieso que amo reconciliarnos después de discutir, de hecho, confieso que odio discutir. Confieso que amo tus defectos porque entre ellos está la ‘tú’ más real, confieso que no odio al que te ame pero odio al que ames (no cuenta si tu familiar), confieso que quiero viajar contigo, que te tengo en mis planes, confieso que para mi ninguna te supera, confieso que me superas, confieso que lo superas todo. Y además confieso que mi segundo apellido es Robles. No se lo cuentes a nadie.

Por otra parte tengo deseos para ti. Lo más importante es que deseo que seas feliz, así no sea conmigo, porque ser feliz debería ser tu destino y nada ni nadie debería eclipsarlo. No te deseo una vida perfecta, y no porque no la merezcas, sino porque si algo he aprendido de ti, es que evolucionas con cada problema, pero sí deseo que tengas la sabiduría necesaria de ahora en adelante para superar cualquier bache.

Deseo que tu papá sea para siempre, no lo conozco, pero sé que es tu motor. Deseo que ames, a quien tú desees, pero que ames de nuevo y que te sumerjas  en una relación digna de ti y de tu entrega. Deseo que llegue alguien que te haga olvidar todo lo malo, de mí, del otro y de aquél, pero que no te haga olvidarte a ti misma, porque deseo que tú sigas floreciendo como lo haces cada día, pero para eso debes encontrar un terreno fértil. Deseo que ese fulano te conozca por lo menos la mitad de lo que te conozco y que te ame más allá de lo que puede ver. Que te ame por lo menos un ¼ de lo que lo hago yo, eso sería suficiente para hacerte feliz por el resto de tu vida

Deseo que te gradúes, que viajes a España, que te operes lo que crees que no te gusta y quedes como te gustes, aunque yo y todos pensemos que así estás perfecta. Deseo que seas la más sexy profesora pero también la más influyente. Que tengas una hija que herede tus hoyuelitos y tu valentía. Deseo que tu luz nunca se apague y yo la pueda ver brillar con fuerza. Deseo que sea feliz, hoy, mañana y siempre.

Y aquí vienen las promesas, que juro por lo más sagrado serán cumplidas como en un contrato. Prometo no cometer el error de buscarte en nadie más nunca más, porque lo hago con frecuencia y siempre con el resultado nefasto y obvio. Prometo no aspirar más a tus besos, a entender que lo que me das es lo que puedes darme, y nada más; a no escribirte cuando estás ocupada, a no meterte en dramas, a no celarte, o por lo menos, a ocultarlo; a no decirte lo que debes hacer y que ya sabes, a no pedirte que me escribas cuando llegues (porque sé que no lo haces con cualquiera), prometo estar cada vez que me busques, a contestar cuando escribas, a dejarte hablar y escucharte con más atención, prometo ser más comprensivo, y sobre todo, prometo hablarle a las próximas generaciones de ti, porque eres una gran historia.

Pero hay algo que debo prometerte y quizás es lo más importante, tal vez sea el regalo más significativo que te puedo ofrecer, y eso es renunciar a mis pretensiones contigo, a ceder, a entender que nada de lo que haga va a cambiar las cosas. Y esto porque ha sido el núcleo de todas nuestras discusiones, así que te prometo tratar de interiorizar la idea de que me quieres aunque no sea de la forma que yo quiero, lo que implicará quererte como quieres que te quiera. Quizás tome tiempo y no será fácil, pero te prometo que lo haré.

Y es que en este día tengo tantas cosas que confesarte, tantas cosas que desearte y tantas cosas que prometerte, que solo puedo darte una carta que lo incluya todo y lo que falta, porque no puedo darte más, ya te di lo bueno y lo malo, lo que tuve y lo que no, pero no puedo dejar la oportunidad para darte mi gratitud. Es necesario darte las gracias por todo lo vivido y lo que falta por vivir, por aguantarme, por quererme, por ayudarme a crecer. Eres una mujer maravillosa.

Por: KR

couple-260899_960_720.jpg

Estándar